E262 La belleza
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Ejercicio de comprensión:
E262 La belleza
Hay veces que la belleza me supera. Y sé que esto es muy cursi. Algo cursi es algo un poco demasiado sentimental, pretencioso, pero es la verdad.
Y desde hace tiempo quería hablar de este tema en el podcast, de la belleza, pero no quería hacer el tipo de podcast donde busco información, donde busco personas expertas en definir la belleza, en hablar de teorías sobre la belleza. Quería hacer un episodio muy mío de lo que es para mí la belleza y luego ponerlo en común con, con el resto de estudiantes y que tú me cuentes qué es para ti la belleza también.
Cuando digo que me supera, cuando algo nos supera, es que nos hace sentir un poco sobrepasados, ¿no? Que es demasiado. Puede ser negativo, ¿no? Por ejemplo, este trabajo nuevo me supera, es demasiado difícil para mí. Pero también nos puede superar algo positivo, en este caso la belleza.
Cuando yo digo que la belleza me supera, hablo que desde hace tiempo, no sé si tiene que ver con la edad, probablemente sí, la aprecio de una forma diferente y a veces sin darme cuenta, en un instante, veo un momento de belleza o aprecio una belleza que no había apreciado antes y me supera, me supera el sentimiento, ¿no? Como noto un nudo en la garganta o los ojos se me ponen un poco húmedos.
Y por supuesto, cuando hablo de belleza no estoy hablando necesariamente de ver a una persona guapísima, atractiva o de estar delante de una obra de arte espectacular. Puede ocurrirme también con un edificio, con una canción, con una interacción entre dos personas, con una frase, con un gesto que dura unos segundos.
Y hace unos días, por ejemplo, que iba caminando por Valencia el domingo pasado, vi un edificio modernista. Y no era el típico edificio donde van los turistas a, a hacer fotos. Era simplemente un edificio que seguramente había sido construido para que vivieran allí familias normales. Pero me fijé en los azulejos, en la, en las formas de esos pequeños detalles que alguien había decidido poner allí y pensé: «Qué bonito». Pero inmediatamente pensé después otra cosa: «¿Por qué me parece tan bonito? ¿Por qué detrás de esos azulejos, de esa fachada, estaba ese sentimiento?».
Bueno, pues porque detrás había alguien, una persona, un arquitecto o arquitecta que imaginó el edificio, que lo construyó con ilusión. Hubo personas que lo diseñaron, personas que lo construyeron. Alguien decidió que una cosa que simplemente tenía que cumplir una función, un edificio en el que vivir, también podía ser una cosa bella. Y empecé a pensar que quizás eso es algo que se repite en muchas de las cosas que a mí o a ti nos parecen bellas. Siempre hay algo detrás, lo que no vemos.
Cuando vemos algo bello, normalmente vemos el resultado, pero no vemos todo lo que ha ocurrido para que ese resultado exista. Y pienso en la música. Escuchamos una canción de tres minutos, pero detrás puede haber años aprendiendo a tocar instrumentos, horas escribiendo una letra de la canción, ensayos. Errores, versiones que nunca escucharemos. O pienso en el cine, en la fotografía, en la arquitectura.
Incluso pienso en algo tan sencillo como una buena letra, la letra de una persona cuando escribe a mano. A mí una letra bonita me puede parecer superbella. Pero esa persona no aprendió a escribir así de la noche a la mañana. No, detrás de esas palabras que acaba de escribir hay miles y miles de movimientos que su mano ha repetido durante toda su vida y seguramente, si tiene buena letra, con esfuerzo, con dedicación. Y por supuesto, pienso en los idiomas.
Como profesor de idiomas, veo constantemente a personas intentando expresarse en una lengua que no es la suya. Una persona que empieza una frase, se equivoca, se para, vuelve atrás, busca una palabra, pronuncia algo mal, lo intenta otra vez. Y desde un punto de vista puramente estético, quizás ese español no sea perfecto, pero a mí puede parecerme bellísimo, porque, de nuevo, sé lo que hay detrás. Sé que detrás de esa frase hay horas de estudio, hay frustración, hay palabras olvidadas veinte veces y aprendidas veintiuna. Hay momentos de vergüenza, hay miedo a hacer el ridículo y hay una persona que, a pesar de todo eso, abre la boca y lo intenta. Y eso me parece bello.
Y aquí es donde aparece una primera idea importante para mí. La belleza muchas veces es la parte visible de un proceso invisible, aunque quizá ni siquiera tenga que ser visible. Porque cuanto más pienso en esto, menos claro tengo que la belleza tenga que ver necesariamente con lo que vemos.
La belleza silenciosa existe. Hace poco estaba en el pueblo con mi familia y mis tíos, pues llevan juntos casi cuarenta años. Y en un momento determinado, mi tío llegó y le dijo a mi tía: «Hola, amor». Y ella respondió: «Hola, vida». Nada más. La conversación continuó normal y probablemente ellos ni siquiera recuerden ese momento, pero a mí me pareció bellísimo.
Y creo que sé por qué. Yo no escuché solamente cuatro palabras. De alguna manera, detrás de ese «hola, mi amor», «hola, vida», estaban esos casi cuarenta años. Y por supuesto que yo no conozco todo lo que ha ocurrido en su matrimonio. Habrá habido momentos buenos, malos, regulares, discusiones, problemas, alegrías, una vida entera. Pero precisamente por eso me pareció tan bonito que después de tantos años, aquellas dos palabras salieran con tanta naturalidad.
Y eso me lleva a pensar que quizás confundimos demasiado la estética con la belleza. Y obviamente no son lo mismo. Algo puede ser estéticamente precioso y no provocarnos absolutamente nada. Y algo que no tiene ningún valor desde el punto de vista de la estética puede parecer profundamente bello para otra persona. Un niño diciéndole a su padre: «Te quiero, papá». Una persona mayor que te sonríe en la parada del autobús. Alguien aceptando una parte de sí mismo que ha rechazado durante años. Respetar a otra persona, escuchar, callarte algo que sabes que haría daño. Hay acciones que nadie va a fotografiar porque son bellas, nadie va a darles un premio por su belleza y quizás nadie llegue siquiera a saber que han ocurrido. Y sin embargo, son bellas. Y a eso lo llamaría yo la belleza silenciosa.
Y a mí me interesa mucho más que una belleza que simplemente sirve para ser observada, aunque esa también me gusta. Vivimos en un mundo en el que estamos constantemente expuestos a imágenes bonitas y muchas veces la belleza se utiliza precisamente para hacernos sentir mal. Nos enseñan un cuerpo, una casa, unas vacaciones, una cara, una vida aparentemente perfecta. Nos hacen sentir que nosotros no tenemos eso y después muchas veces intentan vendernos algo para acercarnos a ese ideal. Hemos reducido muchísimo la palabra belleza a lo atractivo físicamente o visualmente. Y me pregunto si mientras aprendíamos a detectar esa belleza de manera casi instantánea, nos hemos ido desconectando de otras formas de belleza. Porque la belleza también está, como he dicho, en el respeto, en la aceptación, en la constancia, en el amor, en la presencia. También está en la libertad, la belleza de ser libre.
Hace poco estuvimos en Barcelona, en un evento de profes de idiomas y conocí a Lara, una profesora de alemán especializada en estudiantes de nivel avanzado. Así que le pregunté qué motivaba a sus estudiantes y me contó algo que me pareció precioso. Muchos de ellos eran personas que habían llegado a Alemania desde países en los que no habían sido libres. Al llegar a Alemania, habían conseguido esa libertad, pero aprender alemán hasta poder expresarse con una verdadera fluidez significaba algo más. O sea, tener un nivel avanzado de alemán significaba para ellas y ellos poder participar plenamente en la sociedad en la que ahora vivían, poder explicar exactamente lo que pensaban, poder mostrar su personalidad, sus ideas, su sentido del humor, sus matices. Para estas personas, hablar alemán con fluidez era casi como alcanzar un grado todavía mayor de libertad. Esto es lo que me dijo Lara y pensé: «Qué bello». Aprender una lengua como acto de libertad.
Y además, esa historia me hizo pensar en algo un poco incómodo: que la belleza también es un privilegio a veces, ¿no? Yo puedo sentarme delante de un micrófono y decir lo que pienso. He podido estudiar, he recibido una educación, puedo reflexionar sobre estas cosas, puedo decir públicamente lo que pienso sin vivir constantemente con miedo a sufrir represalias por hacerlo. Y muchas veces damos todo esto por hecho. No le, no le damos valor. Incluso poder detenerte, parar durante una tarde a contemplar, a apreciar la belleza puede depender de las circunstancias de tu vida.
Y si hablamos de belleza, tenemos que hablar de emoción. Para mí, la emoción es la consecuencia de la belleza.
Hasta ahora estoy hablando de procesos largos, ¿no? Aprender un idioma, construir un edificio, mantener una relación durante cuarenta años. Pero la belleza puede tardar décadas en construirse y apenas un segundo en afectarnos. Ves algo, escuchas algo y tu cuerpo reacciona antes de que tú hayas decidido cómo reaccionar. Se te pone la piel de gallina, se te hace el nudo en la garganta o se te llenan los ojos de lágrimas. Y me parece que esa emoción es bella en sí misma, precisamente porque no la controlamos.
Hay una canción de Rodrigo Cuevas y Massiel, «Un mundo feliz», dice algo como que la emoción es bella porque es incontrolable y que abre la puerta del corazón y llega al amor. Bueno, me encantó encontrarme con esa idea porque llevaba varios días pensando precisamente en esto.
Y la belleza también es frágil, lo efímero. Quizás precisamente por eso algo puede parecernos más bello cuando sabemos que no va a durar. Y pienso en la floración de los cerezos en Japón. Las flores están ahí muy poco tiempo y, sin embargo, el árbol ha pasado el resto del año llegando hasta ese momento. Me parece una imagen preciosa, un proceso larguísimo que desemboca, que tiene como resultado algo efímero. Y quizás la vida sea un poco eso.
Hay cosas que pueden durar siglos y siguen siendo frágiles. Otras duran una semana. Un abrazo dura unos segundos. Una conversación termina. Una persona muere. Una flor cae. Y nada de eso hace que haya tenido menos valor. Quizás ocurre precisamente lo contrario. Lo efímero también le da valor a la belleza.
Y todo esto de lo que hemos hablado hasta ahora puede sonar como supertrascendental, pero también encuentro la belleza en cosas absurdamente pequeñas. Por ejemplo, mi primer café del día. Me levanto pensando en ese café, ¿vale? Soy muy cafetero.
Me encanta ese momento de primera hora de la mañana en el que todavía no se escucha casi nada, hay pocas luces encendidas y preparo mi cafetera, ¿no? Y yo tengo un par de pequeños gestos, de trucos que me enseñaron personas que saben mucho de café. Por ejemplo, lo remuevo con una cuchara para que se mezcle bien dentro de la cafetera y cuando apago el fuego también enfrío un poco la parte inferior de la cafetera para detener el proceso, para que no se siga calentando. Y son detalles minúsculos. Seguramente no hay una gran diferencia entre tomar el café habiendo hecho eso o no, pero me gusta hacerlos porque estoy dedicando cuidado a algo que para mí tiene mucho valor. Es casi una manera de decir: «Esto me importa».
Y además, si lo pienso, detrás de este café hay un mundo entero. Alguien cultivó esos granos, alguien descubrió cómo procesarlos. Generaciones de personas han ido perfeccionando maneras de preparar café. Alguien diseñó la cafetera que tengo delante. Otra persona me enseñó a utilizarla mejor y estamos constantemente disfrutando de cosas que contienen el conocimiento, el trabajo y el cuidado de personas a las que nunca conoceremos. Hay muchísimo detrás, detrás de nosotros y casi nunca lo vemos.
Hemos hablado mucho de belleza hasta ahora, pero no hemos hablado de su destrucción. Tenemos que pensar en la destrucción, porque construir cuesta, cuidar cuesta, mantener cuesta y destruir puede ser facilísimo. Y cuanto más pienso en ello, menos seguro estoy de que la antítesis de la belleza sea exactamente la destrucción, porque la propia naturaleza destruye. Las hojas caen, una montaña se erosiona, un animal muere, un árbol cae y sobre él crece otra vida. Quizás lo contrario de la belleza que yo estoy describiendo sea otra cosa. Quizás sea la indiferencia, el descuido, no reconocer el valor de aquello que tenemos delante.
Porque si algo tengo claro de todas estas reflexiones es que creo que deberíamos intentar crear belleza en lugar de destruirla o descuidarla. Y crear belleza no significa necesariamente pintar un cuadro o componer una canción. Puede significar cuidar una relación, cuidarte a ti físicamente, mentalmente, aprender algo difícil, tratar a alguien con respeto, hacer bien tu trabajo, hacer bien tu café con esmero, con detalle, dar un abrazo.
Un abrazo. A mí me encantan los abrazos y de hecho los pido a mi pareja, a mi madre, a mi hermana. A veces digo: «Necesito un abrazo, dame un abrazo». Y no son esos abrazos automáticos que damos por compromiso, ¿no? Por convención social. Hablo de cuando a las personas de verdad les apetece, quieren acercarse a alguien, apretarlo y sentir durante unos segundos el calor de su cuerpo, su energía. Y bueno, es que no sé cómo explicar todas estas cosas sin que suenen cursi, ya te lo he dicho, pero a mí un abrazo me reequilibra la energía.
Un abrazo para mí son dos personas que durante unos segundos están completamente presentes y me parece un acto profundamente bello. Y quizás por eso siento que necesitamos la belleza, no como decoración, no como algo superficial, no como esa cara perfecta o la casa perfecta, como hemos dicho. Necesitamos cosas que nos recuerden que merece la pena cuidar, cosas que nos emocionen, que nos saquen por un instante de nosotros mismos, que nos recuerden que estamos vivos.
Y bueno, estudiante, llevo un rato dándole vueltas al asunto. Sigo sin saber definir exactamente qué es la belleza. A lo mejor no quiero hacerlo y eso es simplemente mi belleza, lo que encuentro en un edificio o en alguien intentando hablar español aunque cometa errores.
Espero que te haya gustado este episodio un poco especial y ahora quiero saber cuál es la tuya, tu definición de belleza, si es que la tienes, claro.
No me digas algo que todo el mundo considera bonito. Piensa en algo que tú encuentras profundamente bello de verdad y que quizás para otra persona, pues que otra persona ni siquiera notaría.
Te espero en el próximo episodio y te mando un abrazo muy grande. Chao, chao
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Soy una calligraphista y estaba escuchando a este podcast hoy mientras hacer mi practica del palabra del dia (WOTD - word of the day). Me hizo sonreir cuando empezaste a hablar de la belleza de escribir, asi que tuve que mandarte esto. Gracias. Y deséame suerte...en viernes voy a presentarme para el examen de DELE B2 al Instituto de Cervantes en Chicago. ¿Estoy un poco nerviosa? Oh si... :). Pero no importa. Si no aprobo este vez, puedo regresar el proximo año. Quiero demostrarme a mí misma que es posible aprender una idioma extranjera a cualquier edad. (Tengo 74 años). Gracias por el estímulo.
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