top of page

E239 El mundo al borde de un ataque de nervios

Escucha el episodio en tu plataforma preferida.



¿Quieres estudiar conmigo? Echa un ojo a mis cursos online:



Si no tienes claro cuál es el curso indicado para ti, puedes hacer el test de nivel.  Flashcards de vocabulario: El mundo al borde de un ataque de nervios



Descarga la transcripción en PDF:



Descarga la transcripción en inglés y español en PDF:


Ejercicio de comprensión:



Episodio 239 - El mundo al borde de un ataque de nervios


Hay una película que ya es un clásico del cine español. Una película de Pedro Almodóvar que seguramente conoces o has oído nombrar: Mujeres al borde de un ataque de nervios. "Estar al borde de algo" significa estar a punto de que ocurra eso. En este caso, "al borde de un ataque de nervios" quiere decir que alguien está tan estresado o tan abrumado emocionalmente, que está a punto de colapsar. No ha pasado todavía, pero está muy cerca de pasar.


En la película, varios personajes, varias mujeres, viven una situación tan intensa, tan surrealista, tan descontrolada… que parece que en cualquier momento todo va a explotar. Las emociones están a flor de piel, es decir, muy intensas, muy sensibles, como si todo lo que sienten estuviera a punto de salir. Hay gritos, hay confusión, hay caos, hay lágrimas… y también hay momentos absurdos, cómicos, inesperados.


Todo pasa muy rápido. Nadie sabe qué va a pasar después. Hay una sensación constante de urgencia. De peligro. De nerviosismo.


Y últimamente, estudiante, ¿no sientes que el mundo se parece un poco a esa película?

No sé si tú también lo percibes así, pero yo tengo la sensación de que todos, todo el mundo, en mayor o menor medida, estamos un poco al borde de un ataque de nervios.

Antes de seguir, te recuerdo que puedes leer la transcripción gratuita en español, la traducción al inglés, un ejercicio de comprensión y las tarjetas de vocabulario en la web www.spanishlanguagecoach.com


Te decía que vivimos una época que parece una mezcla de drama, comedia, tensión e incertidumbre (no saber qué va a pasar). Una época donde todo cambia muy rápido. Donde las noticias no paran. Donde los conflictos se acumulan. Y donde es muy difícil encontrar un momento de calma.


Cuando intentamos pensar con claridad sobre lo que está pasando en el mundo… nos cuesta. Hay demasiadas cosas a la vez. Conflictos geopolíticos, crisis económicas, discursos radicales, redes sociales que no paran, nuevas tecnologías que aparecen y que cambian las reglas del juego… Y, en medio de todo eso, estamos nosotros. Los pequeños humanos. Con nuestras vidas, nuestras rutinas, nuestros trabajos, nuestras emociones. El ser humano es adaptable, sí. Pero la gran pregunta es: ¿podemos adaptarnos mentalmente a tanta velocidad, a tantos cambios, a tantos estímulos en tan poco tiempo? La ciencia dice que no tan fácilmente. Nuestro cerebro no ha evolucionado al mismo ritmo que la tecnología o la información. Procesar miles de datos, noticias e imágenes cada día puede generar fatiga mental, dificultad para concentrarse y sensación de amenaza constante. Cuando hablamos de "amenaza" nos referimos a la percepción de un peligro, real o imaginario, que activa una respuesta emocional de defensa en nuestro cuerpo. Puede ser una amenaza física, como un accidente, pero también puede ser emocional o mental, como sentir que algo malo va a pasar o que no podemos con todo. Así que... no estamos preparados biológicamente para vivir al ritmo que muchas veces exige el mundo moderno. Y eso tiene consecuencias.


Mira. He intentado grabar este episodio varias veces. Tenía un tema, empezaba a prepararlo, pero algo no funcionaba. No me convencía. Me pasaba a otro tema. Y luego a otro. Y al final pensé: “No, lo que tengo que hacer es hablar de esto. De este estado mental, de esta sensación de saturación, de confusión, de agotamiento emocional”.

Y estoy seguro de que no soy el único. Quizás tú también has sentido algo parecido.

No estoy hablando solo del estrés personal. Hablo de algo más amplio. Hablo de un estado colectivo. Como si una parte del mundo estuviera permanentemente nerviosa. Como si estuviéramos todos caminando por la cuerda floja. "Caminar por la curda floja". Es una imagen que usamos para describir una situación muy delicada, muy inestable, donde cualquier pequeño movimiento puede hacer que todo se venga abajo.

Hace poco leí una frase en un que me hizo pensar. Decía algo como: "Tenemos acceso a más información en una semana que nuestros abuelos en toda su vida. Pero no más sabiduría, no más calma".


Y es verdad. Hoy podemos saber todo lo que pasa en el mundo casi en tiempo real. Podemos ver imágenes, vídeos, leer miles de opiniones. Saber todo lo que ocurre en cada rincón del planeta. Todo. A todas horas.

Pero ¿podemos gestionar todo eso?


Creo que no. Al menos no sin consecuencias. El exceso de información es también un exceso emocional. Y nuestro cuerpo, nuestro cerebro, nuestras emociones… tienen un límite.


¿Pero por qué lo hacemos entonces? ¿Por qué si sabemos que es nocivo, es negativo para nosotros, continuamos alimentándonos con información nueva todo el tiempo?

Bueno, pues porque la realidad es que estamos diseñados para prestar atención a lo que ocurre a nuestro alrededor. No es que seamos masoquistas o que busquemos sufrir con las malas noticias, sino que biológicamente, la curiosidad y la vigilancia constante han sido mecanismos de supervivencia. Durante miles de años, nuestros antepasados (los que estaban en el mundo antes de nosotros) necesitaban estar atentos a cualquier cambio en su entorno: un ruido extraño, un olor diferente, una señal en el cielo… todo podía ser importante. Ese instinto sigue dentro de nosotros. Por eso sentimos la necesidad de saber qué está pasando, de entender el peligro, de anticiparnos. Nuestro cerebro interpreta la información como algo necesario para protegernos. El problema es que ahora no recibimos una o dos señales de peligro al día, sino cientos. Y eso nos sobrecarga.


Hay personas que dicen: "Yo no quiero saber nada de lo que está pasando en el mundo porque no puedo hacer nada y me afecta negativamente, así que prefiero no saber". Podemos usar aquí una expresión en español que explica muy bien esta técnica: Ojos que no ven, corazón que no siente. Y bueno, es totalmente respetable, pero creo que como estamos programados para conocer las cosas, a muchas personas eso no nos funciona.

Entonces, creo que hay que buscar un equilibrio entre "Infoxicarnos", es decir intoxicarnos con la información, y darle la espalda al mundo y decir: "yo no quiero saber nada". Ojos que no ven, corazón que no siente.


La realidad es que nuestros padres y nuestros abuelos también vivieron periodos así, o incluso mucho peores. Creo que una diferencia clave respecto a estas generaciones es la forma en la que nos informamos:


Yo recuerdo que cuando era pequeño, mi padre leía el periódico o se veían las noticias en televisión a la hora de cenar y te enterabas de lo que pasaba en el mundo.

Ahora, eso todavía existe, pero el problema es que cada vez más personas, de todas las generaciones tienen como principal fuente de noticias las redes sociales. Las redes sociales hoy en día funcionan como una máquina donde pones monedas en un casino. Entras y no sabes lo que te vas a encontrar. Está demostrado que el tipo de contenido que mejor funciona en redes sociales es el que despierta las emociones más básicas de los humanos. Por eso hay tantos vídeos de humor por ejemplo. Pero también las redes están llenas de vídeos pensados para hacernos sentir enfadados o con miedo. Dos emociones muy potentes que nos mantienen haciendo scrolling, pasando de un vídeo a otro. La gran mayoría de vídeos virales tienen esta fórmula. Y además, en el caso de las redes sociales puedes ver qué piensa otra gente en la sección de comentarios, lo que normalmente suele empeorar la situación.


Para mí, el uso de las redes para informarse es uno de los mayores problemas. Además, como tienen tanto éxito, los medios de comunicación tradicionales intentan copiar de algún modo este estilo sensacionalista de informar.


Y es una pena, la verdad. Porque cuando vives con una sensación constante de alarma, de tensión, de que el mundo se está acabando… no puedes disfrutar de lo que tienes cerca. No puedes descansar. No puedes crear. No puedes amar con tranquilidad. No puedes aprender con serenidad. Y todo eso también es importante. También es político. También es valioso. También tenemos derecho a proteger nuestra atención y nuestra fatiga mental.

Y yo no creo que la solución sea usar la técnica del "ojos que no ven, corazón que no siente", porque como he dicho, esta curiosidad o necesidad por saber qué pasa ahí fuera es muy humana. Pero sí que creo que es muy importante elegir correctamente cómo, cuándo y dónde informarse.


¿Cómo? Escogiendo un tema que realmente te interese y profundizando en él con calma. Por ejemplo, leyendo un artículo largo de un medio serio, escuchando un pódcast que trate el tema en profundidad, viendo un documental o incluso leyendo un ensayo. El formato largo nos permite reflexionar y nos da contexto, algo que casi nunca existe en las redes sociales.


¿Cuándo? En un momento del día en el que te sientas bien, con energía suficiente para procesar información. Para algunas personas es al principio del día, cuando todo está más tranquilo. Para otras, es al final de la jornada, después de trabajar, cuando pueden sentarse con calma. Lo importante es que no sea algo automático, que no sea algo que haces cuando estás agotado o vulnerable.


¿Dónde? De personas expertas en el tema, con criterio, con experiencia, que entienden de lo que hablan. Personas que no buscan solo provocar una emoción rápida o generar polémica, sino ayudarte a entender mejor el mundo. También es importante elegir medios que sepas que trabajan con rigor y que no te van a sobrecargar emocionalmente.

En general, creo que la norma más importante para informarse es priorizar calidad y no cantidad.


Y hablando de todo esto, estudiante, hay otra cosa que me hace pensar. Vivimos un momento lleno de contradicciones. Por un lado, hay quienes dicen que estamos viviendo un colapso: crisis por todas partes. Por otro lado, hay quienes recuerdan que nunca antes hemos tenido tantos avances. Que nunca ha habido menos pobreza extrema. Que nunca hemos vivido tanto. Que nunca hemos tenido tanta tecnología a nuestro servicio.

Y yo me pregunto… ¿cómo pueden convivir esas dos ideas? ¿Estamos en el mejor momento de la historia… o en el peor?


Probablemente los dos extremos son reales. El progreso y el agotamiento. La tecnología y el caos. La esperanza y el miedo.

Y quizás por eso nos sentimos así. Porque es muy difícil integrar todo eso. Porque es muy difícil tener claridad en medio del ruido.

Y hay mucho, mucho ruido. Así que creo que de forma individual podemos intentar bajar el volumen un poquito.


Y hasta aquí mi pequeña reflexión sobre el tema. Ahora es tu turno.


Te invito a que me dejes un comentario si te has sentido así alguna vez. Si estás pasando por un momento parecido. Y si tienes estrategias que te funcionan, compártelas también con la comunidad de estudiantes en la sección de comentarios.


Y si este episodio te ha gustado o te ha hecho reflexionar, y sobre todo si crees que es bueno para tu español, por favor, suscríbete al pódcast, deja una valoración en tu plataforma y recomiéndalo a otras personas que estén aprendiendo español.

¡Te espero en el próximo episodio!


Un abrazo grande.


¿Quieres estudiar conmigo? Echa un ojo a mis cursos online:



Si no tienes claro cuál es el curso indicado para ti, puedes hacer el test de nivel. 


Flashcards de vocabulario: El mundo al borde de un ataque de nervios



bottom of page